Sentía entre soñando y despierta que me iba lentamente. La muerte me llamaba a descansar y a dejarme llevar por su anestesia tentadora. Sentía que mi cuerpo se esforzaba por vivir sin yo quererlo, mientras queriendo me esforzaba por morir.
Sentía que me iba y me entremesclaba en tres otras vidas. Vidas distintas con diferentes matices, escenarios y personas. Volvía a sentir la anestesia tentadora que me llamaba. Parecía irme, parecía sedarme, parecía eterno hasta que abrí los ojos y me di cuenta que en realidad no iba a morir. Solo me encontraba entre dormida y despierta, luchando por mantenerme durmiendo por dejarme ir en el trance, la rica sensación soñolienta luego de un largo día.
Entonces pensé que eso que sentía era muy extraño. Concluí que el día que me toque por el orden natural de las cosas morir, me dejen ir lentamente. No voy a tener ojos de terror. Cerraré mis ojos en paz y mi alma estará tranquila. No tendré más temor al misterio de la muerte. No será ya un misterio aquello que se me develará poco a poco mientras me vaya lentamente. Me voy y volveré a ser parte de dónde vine. Seré abono de la tierra y el paisaje isleño que me vio crecer.
2 comentarios:
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