Despues de un largo día decidí irme en el tren antes de lo previsto. Cotejé el horario de trenes en el internet y casualmente el tren estaba por llegar en 10 minutos, el tiempo suficiente para coger la cartera, bajar en el ascensor y llegar hasta la via del tren. Antes de cerrar la ventana del internet miré el horario otra vez. El horario tenia al lado derecho una ¨x¨ a diferencia de los otros horarios del día. "¿Qué significará esta ¨x¨?", me pregunté. Bajé el cursor para ver si habia una leyenda, alguna información, una clave, algo, pero no habia nada.
Salgo de prisa de la oficina, me despido, bajo en el ascensor y llego a la via del tren que me llevaría a casa. Cruzo la via pues este se detendría al otro lado. Mientras cruzo, veo las luces del tren en el oeste que pronto se acercaban. Todavía tenia tiempo de cruzar. Estaba detenido. Miré que el letrero al otro lado de la vía señalara que iría hacia la ciudad a pesar de que ya lo habia mirado todas las tardes. Solo quería confirmar. "Ufff", dije, "estoy a tiempo. Hoy sí iré temprano a casa."
Miré hacia el oeste nuevamente. El tren venía por la otra vía. "Este tren parece que se ha confundido. Viene por el otro lado de la via. Tal vez es otro tren que irá a otro lugar", pensé. Era demasiado casual que viniese un tren a la misma hora que el tren que esperaba y que tuviese otro destino. De momento, vi a una mujer que estaba del mimso lado que yo cruzando al lado contrario de la via. "No puede ser que yo esté en el lado contrario", pensé mientras la miraba cruzar y el tren se acercaba. La mujer miró a donde mi y gritó "Aren´t you going to the city? Are you? ." Asciento tontamente con mi cabeza, en vez de arrancar el vuelo y cruzar la vía. “Because if you are, you are in the wrong way!" Pensé que ya era tarde para cruzar pues el tren estaba casi en frente de mi. Hice un gesto de resiganción y el tren que se acercaba. El próximo vendría en una hora y no sabia qué hacer. Me dirijí a cruzar la vía despues que este se detiene más adelante, pero un oficial de transito me detuvo. Le dije, "I need to cross to take the train". El contesta que tan pronto se de la señal para detener los autos podría cruzar. Sentí que el oficial no habia entendido mi sentido de urgencia. "I have to take the train!", le dije desesperada. "I know you have, but as soon the cars stop you can go". Los carros se detuvieron. Brinqué la via con mi zapatos negros, picudos que me sostenían con un pequeño taco de una pulgada y una cartera de un pies de largo enganchada en mi hombro. Al mirar al portero del tren, este se encontraba a casi 50 metros de distancia. Temía que el tren me dejaría y decidí utilizar aquellas destrezas atléticas que aprendí en aquellos años de escuela y los cuales habia conservado hasta aquel día.
Sentí que me transportaba a los 100 metros lisos. Tenía que llegar lo antes posible y corrí, corrí, corrí y corrí. Traté de alargar el paso, algo que utilicé en muchas ocasiones para avanzar la carrera. Mis tacos se convirtieron en los ganchos con clavos en el talón que solía usar para tener una pisada mas ligera. Traté de desafiar el viento que iba en mi contra. Sentí que escuchaba desde las gradas las porras de mis compañeros de clase gritando mi nombre con entusiasmo. Vi a los maestros de educación física esperandome en la meta con una sonrisa. Miraba hacia atrás y mis competidores parecían cerca mientras yo estaba en la delantera. Mi corazón y mi respiración profunda parecían unirse en una conspiración para hacerme llegar al final sin problemas cardiovasculares aparentes. Sentía que volaba. Me sentía fuerte y la más libre del universo.
De momento, desperté mientras corría y vi que quienes me esperaban al final eran los porteros del tren. No estaba en el parque de pelota donde solían hacerse las carreras de pista y campo en mi pueblo. No habia nadie compitiendo conmigo ni hechandome porras ni aclamando mi nombre. Mas bien escuchaba voces extranjeras cada vez más cerca. Los árboles a mi alrededor en vez de vibrar de verde monte, se habian tornado amarillos por el otoño, algo que me hizo pensar que estaba lejos de casa. Las voces extranjeras sonaban a lo lejos. "You deserve a medal for that run", me comentó el portero. Al escuchar su lenguaje y detener mis ojos en su rostro me di cuenta que no eran mis maestros, ni mis compañeros quienes estaban ahí. Me di cuenta que estaba lejos, en tierra extraña y con gente extraña. Me di cuenta que ya no era la chica de 15 años en sus tennis de correr caminando por el pueblo y saludando a todo el que subia y bajaba. Mas bien me apercibí que tenía unos tacos picudos, de joven adulta de los cuales me asombraban me hubiesen ayudado a correr de tal forma. Me apercibí de que nadie me conocía, de que era una inmigrante, de que contrario a cuando estaba en mi pueblo lucía diferente a todos los demás y que por cierto, no estaba en una carrera. Parecía que aún quedaba en mi aquella escencia de mi adolescencia. Seguía siendo yo, la misma, pero en la distancia.
Al subir al tren le pregunté al portero cómo podría saber de qué lado de la vía vendría el tren. Me respondió que estaba escrito en el horario. Al buscar un folleto, me enseñó el horario y me señaló la ¨x¨que habia visto en el internet. “Cada vez que veas esta x,” comentó el portero, “significa que el tren vendrá por la vía central”. Sonreí con timidez. El me miró, sonrió y dijo, “Por cierto, buena carrera.”
De momento, desperté mientras corría y vi que quienes me esperaban al final eran los porteros del tren. No estaba en el parque de pelota donde solían hacerse las carreras de pista y campo en mi pueblo. No habia nadie compitiendo conmigo ni hechandome porras ni aclamando mi nombre. Mas bien escuchaba voces extranjeras cada vez más cerca. Los árboles a mi alrededor en vez de vibrar de verde monte, se habian tornado amarillos por el otoño, algo que me hizo pensar que estaba lejos de casa. Las voces extranjeras sonaban a lo lejos. "You deserve a medal for that run", me comentó el portero. Al escuchar su lenguaje y detener mis ojos en su rostro me di cuenta que no eran mis maestros, ni mis compañeros quienes estaban ahí. Me di cuenta que estaba lejos, en tierra extraña y con gente extraña. Me di cuenta que ya no era la chica de 15 años en sus tennis de correr caminando por el pueblo y saludando a todo el que subia y bajaba. Mas bien me apercibí que tenía unos tacos picudos, de joven adulta de los cuales me asombraban me hubiesen ayudado a correr de tal forma. Me apercibí de que nadie me conocía, de que era una inmigrante, de que contrario a cuando estaba en mi pueblo lucía diferente a todos los demás y que por cierto, no estaba en una carrera. Parecía que aún quedaba en mi aquella escencia de mi adolescencia. Seguía siendo yo, la misma, pero en la distancia.
Al subir al tren le pregunté al portero cómo podría saber de qué lado de la vía vendría el tren. Me respondió que estaba escrito en el horario. Al buscar un folleto, me enseñó el horario y me señaló la ¨x¨que habia visto en el internet. “Cada vez que veas esta x,” comentó el portero, “significa que el tren vendrá por la vía central”. Sonreí con timidez. El me miró, sonrió y dijo, “Por cierto, buena carrera.”
2 comentarios:
Buen relato!
Saludos,
Isaac
Gracias, esto me llena de esperanzas! Algún día voy a escribir un libro!
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