Llegaba más tarde de lo usual a mi comunidad. Doblé a la izquierda en el carro para cotejar si habían estacionamientos frente a casa como hago rutinariamente. No encontré. Miré hacia la próxima cuadra y los espacios estaban llenos de carros apiñados. Miré las cuadras al este y al oeste pero todos los bordes de la carretera estaban sembrados de carros, sin haber espacio para el mio. La curiosidad me mataba por saber la razón. Miré hacia la derecha y observé niños vestidos con máscaras y disfraces. Caminaban hacia una casa cercana, la cual todos los años para esta época tiene adornos de Halloween y recibe a los niños de la comunidad.
Al mirar a los niños caminar, unos vestidos de brujas y otros de vaquitas blancas con parchos negros, me transporté magicamente a mi niñez. Recordé las véces que mi mamá me compraba los disfraces, me daba una canasta plástica en forma de calabaza y me iba con mi hermano y los vecinitos a cantar nuestra versión patriótica de la festividad, "Halloween, trick or treat. Dame chavo y no maní". Por unos segundos encontré la festividad inocente, simpática y divertida, fuera de aquello que aprendí de una festividad enraizada en lo malvado o en una maldita festividad yanki.
Miré a mi alrededor y por fín encontré el estacionamiento que buscaba. Me bajaba a prisa pues estaba a 50 grados faranheit y yo solo vestía un sueter. Movía mis pasos de prisa, como si esquivase e l viento, pero también tratando de evadir los niños que seguían mi ruta pues no tenía dulces que ofrecerles. Por primera vez caminaba entre un mar de gente en mi comunidad. Después de esquivar unos y otros, por fin llegué a casa. Miré por la ventana para ver la invasión de niños en la comundidad asombrada pues no sabia que en el vecindario huebise tantos niños.
Me lancé al sillón y recordé. Recordaba a mi abuela advirtiéndonos a mi hermano y a mi no ir a celebrar Halloween porque era una práctica del "diablo", a pesar de que mi mamá ya tenía nuestros vestuarios listos para la noche. Al escuchar la palabra "diablo" mis ojos asustadizos no pestañeaban y mi corazón comenzaba a sumergirse en el dilema del bien y el mal. La felicidad de celebrar Halloween parecía quedar en el pasado pues comenzaría a disfrazarme con temor de estar haciendo algo malo a escondidas de mi abuela.
Llegó el momento de salir a tricortear con los disfraces que mi mamá nos compró y decidí mirar hacia afuera de la calle en la que vivía para grabar en mi memoria una imagen que nunca iba a olvidar. Mi abuela pasaba lentamente en su carro como si pudiera adivinar quiénes eran el grupo de niños disfrazados en la calle. Yo estaba allí en total desafío de su doctrina venenosa.
Miré a mi alrededor y maldecí las musarañas de algunos que a véces no dejan a quienes crecen vivir en paz. Pensé por unos segundos, me levanté, fui al cuarto y me puse mi difrás de Halloween.
6 comentarios:
Por eso de si no puedes contra ellos, úneteles...
Vale la pena vivir la magia y alegría de los niños.
Saludos...
Muy bien hecho! La ignorancia de los abuelos o padres, frustran muchas veces nuestra niñes. Un dia, el maestro de la intermedia, nos invito a la piscina de la casa, como acostumbraba todos los años con su grupo, mi madre me dejo ir, pero me dijo que no me metiera, si claro!, por supuesto que no me lo gose igual, pero de que me meti Uff!
Definitivamente vivir la vida sin estar complicandose una la existencia de que significa esto u lo otro hace a una mas feliz. En PR estubiera refunfunando pensando en por que tenemos que celebrar algo importado por los gringos. Pero pienso que a todo le podemos sacar partido siempre y cuando no hiera mi dignidad patriotica.
Ciertamente la tradicion de Halloween viene de los Celtas y es el dia en que supuestamente los muertos pueden pasar de dimension y visitar a los vivos. hay quien les deja comida servida en la mesa y hay quien prende una vela toda la noche para que su ser querido encuentre el camino. Tambien hay quien acude a los cementerios y hacen rituales y sacrificios con animales inocentes y hasta con ninos. Se dice que habia gente que se disfrazaban para no ser reconocido por los espiritus y a veces se disfrazaban para atemorizar a los propios espiritus. Creer o no creer. Lo cierto es que la celebracion a pasado a ser, en la mayoria de los casos, un dia de diversion sana pero un poco peligrosa porque si es un dia donde cierto grupo de personas aumenta su psiquis negativa y extrasensorial.
La gloria es de Dios
jajajajajaaaaa!!!! Estas bromeando?
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