Me cuentas que tienes una respuesta a mis preguntas. Algo me pareció mal antes que comenzaras a hablar. Nadie en este momento en el mundo tiene la respuesta. Ni el bing bang ni la creación me han convencido y dices que tienes la respuesta.
Escuché en silencio lo que tenías que decir. Me contabas que hay un rey que ama a la humanidad y que creó el cielo y la tierra, que dio su vida por los seres humanos y que nos espera. Caramba! Me pareció que me estabas llamando a la conversión a Cristo, algo que hice hace 10 años. Niña, ¿qué dices? Si me fui por las plazas y los parques, viaje a otros países a predicar su nombre. Era tan felíz. En eso pensé cuando respondías frente a tod@s a mis preguntas. Recordé lo importante que eran para mi las palabras que decías. Realmente lo creía. Pero tengo que decirte, niña, que ahora no. Tus palabras me parecieron huecas, vacías, sin profundidad y me pareció como una canción vieja y rayada que ya no ocupa espacio en mi.
Pero, espera, niña, que soy cristiana...¿Eso soy? ¿Será que ya tengo que ir sepultando mi cristiandad? ¿Será que la iglesia no acepta gente que crea que Cristo no vino necesariamente a salvar a la humanidad y que Dios no creó el cielo y la tierra?
¿No es mas que un calmante de nervios creer que Dios creó el cielo y la tierra, y que cuando muramos iremos al cielo, caminando en calles de oro y mares de cristal? Creyendo esto ya tenemos la vida resuelta.
Entonces, me ahogué de preguntas, pero salí del salón con solo una respuesta, una canción vieja...que no calma mi angustia, ni evita que mis ojos se pierdan en la pared de las incógnitas.
2 comentarios:
Ojala pudieramos estar mas en sintonia con lo divino. Lo encontrariamos en los rincones mas insospechados!
A véces lo divino me mueve a hacer muchas cosas. Lo divino es un misterio que descubrimos todos los días.
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