domingo, agosto 27, 2006
El teléfono
El teléfono estubo esperando el momento. El teléfono estubo preparándose para interceder en el duelo. El teléfono nunca sonó. Pasaron las estaciones. El verano se presentó en todo su esplendor con su verdor, el cielo azul y la briza cálida que se sentía como un bálsamo en la piel. El otoño llegó de forma sigilosa, lentamente y con cautela, presentando lo mejor de sus colores marrón, amarillo y anaranjado. El invierno arreció con la más cruel frialdad sin nieve que apreciar. Culminó el año y el teléfono nunca sonó. El no llamó. El no se atrevió. Luego la primavera regresó con todos sus colores. La alegría de salir y disfrutar al aire libre el viento y las flores era indescriptible. El verano se engalanó con sus colores verdes claros y oscuros en el valle. Las temperaturas llegaron al punto de lo insoportable y el teléfono nunca sonó. Ya es un duelo que habia pasado, innecesario y sin sentido. Ya las estaciones del año se encargaron de sanar lo que se habia quebrantado. Ya la vida sonreía y todo parecía tener más sentido cuando el teléfono sonó. Y éste fue testigo del final. De aquello irresuelto, de las palabras que no se dijeron, de los corajes que se refugiaron en el corazón y estallaron al escuchar su voz al otro lado. El telefono se rompió. No pudo con el duelo. El teléfono se dañó. No sirvió para reproches, ni corajes, ni reclamos. El teléfono murió.
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